Mala leche

Las decisiones del ajuste económico impulsado por Dilma Rousseff deben ser leídas en el marco de los escasos márgenes de maniobra que enfrenta un gobierno acorralado por el sector financiero.

“Este es un Estado presente que busca incentivar a los productores y reactivar esta actividad (la lechería) de gran importancia para la economía de nuestro país” dijo el ministro de Agricultura, Ricardo Buryaile. Sin embargo, los reclamos de los productores de leche al Gobierno dejan al descubierto las contradicciones entre las declaraciones oficiales y la realidad cotidiana. Vale la pena analizar las medidas para el sector lechero anunciadas a principios de enero para entender la insatisfacción sectorial.

En primer lugar, Macri había cuestionado duramente la gestión kirchnerista, pero la medida principal que anunció para el sector lechero consiste en un subsidio similar al impulsado por Cristina en mayo de 2015: se pagarán 0,40 centavos a los tamberos hasta 3000 litros cuando antes el subsidio era de 0,30 centavos hasta un máximo de 2900 litros por día. La diferencia principal reside en que ahora se paga hasta 3000 litros pero no discrimina según nivel de producción (cobran todos los productores, incluso los grandes) mientras que durante el kirchnerismo el límite de pago de 2900 litros/día tenía un tope para los tamberos que produjeran hasta 6000 litros/día.

En segundo lugar y en referencia a los montos del subsidio a la leche en términos absolutos, antes del anuncio de Macri, los tambos de mayor tamaño (que totalizan 920 y producen más de 6000 litros por día) no recibían subsidio, y a partir de ahora serán beneficiarios del mismo para la producción de los primeros 3000 litros de leche por día, subsidio que asciende a 100 millones de pesos. Como contracara, los pequeños tamberos, de hasta 3000lts/día, recibirán sólo 67 millones de pesos más que los subsidiados durante el mandato de CFK, al igual que los tamberos que producen entre 3000 y 6000 litros por día.

La distribución del subsidio otorgado por el macrismo es claramente regresiva. En la práctica representa un aumento del costo fiscal del 58 por ciento, donde el 43 por ciento de ese aumento lo recibe un sector altamente concentrado que produce más de 6000 litros por día de leche, siendo tan sólo el 8,5 por ciento de los tambos.

En tercer lugar, la devaluación y la quita de retenciones aumentaron los costos de los tamberos. La alimentación del ganado, a pesar de seguir centrada en el pastoreo de pasturas naturales, se complementa con rollos, silos y alimentos balanceados que producen una mejora en el balance alimentario. Los precios de los alimentos balanceados aumentaron entre 15 y 20 por ciento porque la eliminación de las retenciones impactó sobre el valor de ese insumo principal. Entre mayo y diciembre de 2015 el costo del maíz creció por encima del precio de la leche, dado que la relación tonelada de maíz/litro de leche se duplicó. El precio de la leche retrocedió un 20 por ciento (de 3,256 a 2,596 pesos el litro) mientras que el precio de la tonelada de maíz aumentó un 70 por ciento (de 984 a 1672 pesos).

En cuarto lugar, otro dato resulta significativo: a pesar de las declaraciones de Macri hacia los tamberos (“Queremos decirles que no están solos, el Gobierno quiere acompañarlos en este camino de crecimiento”), el precio actual de la leche se ubica muy por debajo incluso del precio vigente al momento de implementar el subsidio de 0,30 centavo en mayo de 2015. Es decir, el kirchnerismo pagaba 0,30 centavos con un precio de 3,256 pesos (que significaba que el productor recibía 3,556 pesos por cada litro de leche) y Macri les subsidiará 0,40 centavo a un precio al pasado diciembre de 2,596 pesos por litro, con lo cual el productor recibirá menos que antes: 2,996 pesos por cada litro de leche, es decir, un 16 por ciento menos.

Néstor Roulet, actual secretario de Agregado de Valor del Ministerio de Agricultura y ex titular de Confederaciones de Asociaciones Rurales de la Tercera Zona (Cartez), sostuvo en agosto de 2015: “esos 30 centavos son sólo una aspirina, un paliativo hasta ahí nomás, porque con esta nueva reducción de precios la compensación ya debería ser de 70 centavos”. Agregó incluso el costo de producir un litro de leche “a junio, nos da 3,65 pesos”. Si Roulet consideraba que era bajo el valor de 3,55 centavos al que alcanzaba el productor con el subsidio del kirchnerismo, ¿cuál será su postura con los productores lecheros que ahora perciben 2,99 centavos por litro?

El complejo lácteo se caracteriza por una estructura primaria atomizada y dispersa, frente a un sector industrial concentrado y estratificado. A la concentración en la producción, donde el 8,8 por ciento de los tambos que producen más 6000 litros por día y representan el 32,4 por ciento de la producción de leche se adiciona la concentración en la etapa de industrialización, donde la cantidad de establecimientos asciende a 912, pero también manifiestan heterogeneidad. Así es como 20 usinas lácteas de ese total procesan el 80 por ciento de la leche, 3 de ellas procesan el 40 por ciento de la leche total y las 2 principales empresas procesan un tercio de la leche cruda. Las usinas, además, controlan precios de compra e imponen pautas tecnológicas a los tambos mediante pagos diferenciales por calidad y cantidad de leche procesada. Por ende, los principales conflictos residen en el limitado poder de negociación de los productores lácteos frente a los procesadores de leche, que en algunos casos tienen cadenas integradas como Sancor o La Serenísima. Además de ello, existen problemas de rentabilidad derivados del déficit en la incorporación de tecnología, y por ende alta sensibilidad a la variación de precios. A ello se agregan las dificultades de acceso al crédito de los pequeños actores, como los tamberos no propietarios y las PyMES lácteas.

En este marco, las políticas sin segmentación entre grandes y chicos (como la devaluación y las retenciones) o los subsidios sectoriales indiscriminados como el actual a la leche, y la inexistencia de acompañamiento de planificación estructural para resolver los problemas de la cadena láctea desde su primer eslabón más débil (como el apoyo tecnológico, créditos a infraestructura, financiación logística), sólo terminan favoreciendo a los eslabones más grandes.

FUENTE: PÁGINA 12

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