Apymel lamenta la perdida física de Alberto Bovier, titular de Lácteos Aurora

Apymel lamenta la perdida de uno de sus socios Alberto Bovier, titular de Lácteos La Aurora de Rafaela,  Santa Fe, quien desafortunadamente falleció el día de ayer. Bovier realizó con su Pyme un gran trabajo para la mejora y el crecimiento de la lechería. Le tocó batallar estos últimos meses contra la inundación, baja en la producción y […]

Tambos y fábricas bajo el agua por la inundación de los campos cordobeses

LA PLAYOSA, Córdoba.- Hay dos incógnitas que desvelan a los productores: de dónde sale el agua y qué viene después de la odisea que están viviendo. La mayoría de los caminos rurales son ríos, el 70% de la producción agrícola está bajo el agua, los animales se enferman, los camiones con leche vuelcan, los trabajadores de plantas lácteas llegan caminando para priorizar la entrada de vehículos con materia prima o alimentos para las vacas.

Armando Caisuti tiene 28 años, 300 hectáreas y una voluntad inquebrantable. «No voy a abandonar -dice a LA NACION-. Me achicaré o empezaré de nuevo.» Hace dos meses que lidia con el agua en Arroyo Algodón; en los últimos 15 días la pelea se profundizó. Esta semana tiró 7000 litros de leche, dio por perdidas 120 hectáreas de alfalfa (cuesta 7000 pesos reimplantar una hectárea), la producción de su tambo cayó 25% y se angustia mirando el escaso alimento que le queda para los animales.

La Playosa, Arroyo Algodón, Pozo del Molle y Cintra son algunos de los pueblos del sudeste cordobés que están anegados desde hace meses, pero cuya situación colapsó en los últimos días. Es cierto que llovió por encima de la media, pero nada explica la inundación y el agua que sigue subiendo como si hubiera (y no los hay) ríos desbordados a metros de los campos.

Adrián Carnero, del establecimiento lácteo Los Pinos, en La Playosa, tiene su fábrica rodeada por una laguna. Su padre, Adolfo, lleva 75 años de trabajo y asegura que «nunca» vio nada parecido. De 20.000 litros diarios de leche que procesaban, con suerte, logran entrar 3000.

«No podemos cumplir con pedidos -cuenta-. Los costos de producción se multiplicaron por tres; priorizamos retirar la leche, pero para preservar el único camino que queda a veces lo hacemos cada dos días.» El martes se le tumbó un camión con 7000 litros: los perdió.

Impotencia, desazón, bronca. En la zona todos miran el cielo, pero saben que las lluvias no explican el agua que avanza. Hay hipótesis de lo más variadas y la certeza de obras postergadas desde hace años y promesas repetidas desde hace décadas.

Incertidumbre

Alejandro de Elia trabaja para la empresa Alfredo José, que tiene tambos y agricultura. De mil hectáreas, el 20% está cubierto por agua. Ya sabe que 180 hectáreas de maíz destinadas a hacer picado fino se perderán; no hay piso para entrar a cosechar.

«No hay tierra, todo se derrumba. No hay cómo cargar los silos. Cuando esto pase, si es que pasa, habrá que fertilizar los suelos tres veces más de lo habitual porque están lavados. La calidad de lo que se coseche será desastrosa», resume ante LA NACION.

A Gerardo Cerutti, de la fábrica láctea del mismo nombre, lo obsesiona pensar qué pasará si no pueden entrar la leche. Su establecimiento procesaba 80.000 litros diarios; hoy se produce «lo que se consigue».

Los trabajadores entran con una suerte de posta de transportes: una combi los lleva hasta a unos kilómetros de la planta y de ahí caminan, porque todos aportan para que las «chatas» puedan seguir pasando.

«Quiero saber si esto va a pasar y qué viene después», se pregunta Caisuti, consciente de que le llevará unos dos años reconstruir lo perdido. Habla y mira a un ternero que camina con barro hasta la mitad del cuerpo. Sabe una parte de lo que viene: vacas enfermas y una producción que cae a pique.

De Elia relata que a cada informe que hace para su empresa lo titula «no apto para cardíacos» y que ya empezaron a plantearles a los dueños de los campos que arriendan que el alquiler en quintales se reduzca a la mitad -hoy está entre 10 y 12- o los dejarán.

«Es el día a día -añade Cordero-. Si podemos retirar materia prima, fabricamos. Nos acostamos pensando qué pasará al otro día. Nos reunimos con autoridades y nos piden propuestas, y nos advierten que no hay plata.»

Cerutti señala: «Sabemos cuándo vino, no cuándo se va. De dos fábricas dependen cien familias, si se corta la cadena es un desastre». Los camiones cada vez tienen más problemas para llegar al feedlot; la dieta de los animales pasó a segundo plano. Se les arrima la comida lo más cerca posible; el desperdicio de alimentos ronda el 22 por ciento.

Del futuro de explotaciones como las de estos productores depende la vida de los pueblos. La mayor parte de la gente trabaja en el campo; desde los comercios señalan que las ventas ya bajaron cerca del 30 por ciento.

Esta zona de Córdoba es principalmente tambera y de cría; la siembra de soja es marginal. Ya hubo cierres de tambos por la crisis del sector y hay temor de que los problemas con el agua sumen más. El ánimo es tenso; hay cruce de culpas y reclamos por quién usa qué camino, y si lo arruina más o menos.

Aunque todos los productores -como lo dijeron a LA NACIÓN- viven «la diaria», no dejan de preguntarse si alguna vez habrá caminos transitables y canales limpios. Por ahora, compran a 13.000 pesos el camión de piedras, y cuando el agua baja un poco tapan pozos.

FUENTE: La Nación – CAMPOS – 18/04/2016

Habrá subas en el precio al público de lácteos y carne por efecto de las lluvias

Las abundantes precipitaciones que no cesan desde hace quince días, y que continuarán por una semana más, tienen su efecto en las producciones lácteas y ganaderas. En esta última, el kilo vivo tuvo un aumento del 7% a partir de la poca hacienda que llega al Mercado de Liniers. La misma situación se ve en los tambos, donde la imposibilidad de sacar la leche del campo hizo que muchos establecimientos cierren o suspendan su actividad. La poca oferta en ambos rubros genera una mayor demanda por parte de la industria para hacerse de los productos que deberá pagar luego el consumidor.

“Esto es muy complicado. Se están cerrando tambos por la falta de caminos. Para el sector es una tragedia”, sostuvo Juan Manuel Otero, vicepresidente de la Asociación de Productores Lecheros (APLA).

El problema pasa porque las vacas necesitan acostarse, algo que no puede hacer por la presencia del agua. “El estrés por el que atraviesa el animal hace que se seque y pierda la capacidad de dar leche”, explicó Otero.

Vale recordar que los tamberos vienen peleando una mejora en el precio por litro que reciben de las fábricas, el cual llega apenas a los 3 pesos, pero es necesario que al menos sea de 4,5 pesos. Si bien la situación ya venía desde la gestión kirchnerista, esto se agudizó por la quita en las retenciones al maíz, fuente de alimento de la producción lechera. Y si bien el Gobierno otorgó subsidios hasta mayo, “la situación económica se complica aún más porque no hay resto para afrontar las inundaciones”, señaló el vicepresidente de APLA.

El productor resaltó que sólo en Santa Fe se dejaron de ordeñar 4 millones de litro por día sobre un total que ronda los 10 millones. “Por eso se espera que habrá que recomponer el precio al tambero, y si bien no debería trasladarse a la góndola es casi seguro que una vez más el consumidor será golpeado”, concluyó Otero.

Ganadería

El Mercado de Liniers es otro fiel reflejo de lo que viene dejando a su paso el fenómeno de “El Niño”. A fin de marzo el kilo vivo pagado al ganadero rondaba en promedio los 27 pesos. El viernes último cerró en 30 pesos, lo que habla de una suba del 7 por ciento. El precio máximo pagado fue de 34 pesos.

El aumento se debe pura y exclusivamente a la poca hacienda que llega al mercado por la imposibilidad de sacarla debido a los anegamientos. En las dos primeras semanas de abril hay una caída del 32% en comparación con marzo pasado. El viernes se vendieron 5.857 animales cuando normalmente llegan entre 11.000 y 12.000 cabezas para cubrir la demanda del fin de semana.

Desde la industria descartaron de plano que se de una suba en el mostrador porque no hay alzas en la media res que recibe el carnicero, además “el consumidor no acepta más incrementos”.

A todo esto se le debe sumar la soja donde con un 63% todavía por cosechar se encuentra en peligro de perderse, reveló la Bolsa de Rosario. Se espera para los próximos días la llegada de 150 barcos por algo más de un millón de toneladas de la oleaginosa. Pero la trilla estará frenada por lo menos hasta el próximo lunes.

FUENTE: BAE Negocios 18/042016