Sunchales ve la vaca y llora

Los directivos de la cooperativa presentaron al Ministerio de Trabajo un severo plan de ajuste que implica cerrar 4 plantas y dejar en la calle a 1.000 trabajadores, a los que promete pagar un millón de pesos a cada uno, sin que se sepa de dónde sacará la plata.

El gremio, Atilra, no lo avala y exige que venda el negocio a un inversor internacional o que se presente a concurso de acreedores, ya que se avecina un ciclo favorable de precios internacionales de la leche en polvo, actualmente alrededor de u$s 3.200 por tonelada.

El ministro Francisco Cabrera impulsa la venta inmediata a interesados que aparecieron, como la francesa Lactalis (Parmalat) y la americana Mead Johnson Nutrition, y al parecer los ejecutivos resisten, por lo que les recuerda que su gestión irregular podría ser investigada por el INAES, que es el organismo de control de la acción cooperativa y mutual.

Mucho pescado podrido e intrigas rodean las dramáticas alternativas que rodean este nuevo pico de crisis que afronta la cooperativa láctea SanCor. El año pasado, cuando tras haber entrado en cesación de pagos con un rojo de $1.527 millones gestionaba asistencia financiera del Banco Nación, dirigido en ese momento por Carlos Melconián, sacó a la venta el 90% del negocio de yogures, flanes y postres, que finalmente quedó en poder de Vicentín por casi US$ 100 millones, lo cual le suministró oxígeno financiero que consumió en menos de 6 meses.

Es que el costo operativo mes a mes arroja un promedio de $150 millones, y que, con una capacidad instalada para procesar hasta 6 millones de litros de leche diarios, la última semana cubría $1,5 millón. El último balance fue elocuente: la cooperativa tuvo una pérdida neta de $ 2.421 millones y eso que todavía no les pagó a los tamberos que entregaron leche antes de diciembre: 460 productores pequeños de menos de 2.700 litros diarios no resistieron y cerraron.

De nuevo, con el gobernador santafesino Miguel Liftschitz como punta de lanza, los directivos de la cooperativa volvieron a la carga con el gobierno nacional en busca de una soga y el propio ministro de Producción, Francisco Cabrera, le negó un pedido de $ 4.500 millones adicionales, con el argumento de que desde que empezó el gobierno de Cambiemos, el Estado le otorgó préstamos a SanCor “por fuera del circuito financiero” para que pudieran avanzar en su proceso de reestructuración, ayuda que rondó unos $ 500 millones.

Una comitiva encabezada por el presidente de la compañía, Gustavo Ferrero, se reunió con el titular de Agroindustria, Ricardo Buryaile, y su colega de Producción, con la presencia asimismo del secretario general de la Asociación de Trabajadores de la Industria Láctea (Atilra), Héctor Ponce, comprometiéndose a presentar “un plan de reestructuración financiera”, con el propósito de superar la crisis y salvaguardar los más de 4000 empleos. “SanCor no tiene que despedir gente sino que debe incrementar el volumen de leche que procesa, pero para hacer eso tiene que tener más recursos financieros para comprar materia prima, y este es el problema que tiene hoy”, explicó Buryaile.

La empresa paralizó la semana pasada sus plantas de Brinkman y Moldes (Córdoba), Centeno (Santa Fe) y Charlone (Buenos Aires). Ahora, según el documento, prevé deshacerse allí de 105, 55, 60 y 51 operarios. Pero además figura en la lista personal de las otras 12 plantas, administración, comercial y logística. Las “desvinculaciones” alcanzan a 29 localidades del país, entre ellas su sede central en Sunchales, Santa Fe. Por ello, Lifshitz pidió ayer “sostener y ayudar” a Sancor.

Es así como la principal empresa láctea del país presentó al Ministerio de Trabajo, a cargo de Jorge Triaca, un Power Point denominado “Plan de Recuperación” al que tuvo acceso Clarín, en el que plantea pagar deudas, reducir sus gastos y aumentar ventas para mejorar sus cuentas en un año. Contempla el cierre de las 4 plantas cuya actividad ya fue suspendida y 1.000 despidos a partir de abril.

El recorte incluye: -Saldar deuda de febrero con proveedores a partir de mayo próximo en 10 cuotas mensuales; y desde este mes pagar materia prima en un plazo de 30 días. La leche que supere los 1,5 millones de litros diarios (el nivel actual) se abona al contado. -“Normalización de las deudas” a fin de poder mantener la recepción de leche en al menos 1,5 millones de litros diarios al principio (41 millones de litros mensuales en marzo) y aumentarla en temporada alta hasta 2,9 millones (87,7 millones de litros mensuales en octubre).

-Duplicar las ventas, hoy en $728,5 millones, a $1.077 millones en octubre y $1.232 millones en febrero del 2018. Para ello propone “un cambio de mix producto/canal razonable que mejora la rentabilidad”.

-Reducción de costos financieros por refinanciación de tasa y optimización de garantías.

-Baja sustancial de gastos de alquileres (de depósitos de terceros) como consecuencia de la reducción del volumen operado y la eliminación de garantías vigentes.

-Los gastos de estructura se proyectan a la baja por la “suspensión inicial de actividades industriales, con posterior cierre definitivo de 4 plantas y baja de 1.000 empleados aproximadamente a partir de abril”, que serán indemnizados con un promedio de un millón de pesos por persona. Un tema no menor en juego es el contrato con Venezuela. La deuda unos dicen que ronda los US$ 35 millones y otros, la mitad.

Convertida a en pesos argentinos serían $500 millones, que según declaraciones al diario Perfil del embajador de aquel país en la Argentina, Carlos Martínez Mendoza, se está pagando. “A hoy, por las entregas de enero y febrero, Venezuela está debiendo US$ 32 millones, de los cuales esta semana están por cobrar US$ 12 millones.

Eso es el promedio que se comercializa cada 2 meses: aproximadamente unos US$ 40 millones”. El ministro Buryaile maneja otra información: la factura impaga de Venezuela a la cooperativa por otros negocios ronda los $ 1.000 millones, o unos US$60 millones, o sea, el doble que lo reconocido por el diplomático. For sale En el gremio advierten que “no vamos a prestarnos a un ajuste. Vamos acompañar un camino que sepamos, no uno que no conozcamos”, señalaron en el gremio.

Y agregaron: “No vemos que se haya convocado a las empresas interesadas (en una compra)”. Los funcionarios del gobierno nacional están persuadidos de que sólo si se vendiera todo el paquete se sacarían el problema de encima. En especial, cuando se conoció el interés del mayor grupo lácteo del mundo, Lactalis, de origen francés, que factura 17.000 millones de euros anuales y es dueña de marcas de renombre internacional como Parmalat, Président, Galbani, Lactel, La Laitiere, Bridel y Celia, entre otras, con 220 fábricas y 75 mil empleados, en la tradicional compañía santafesina e hizo contacto hace unos 2 meses vía emisarios.

Los directivos de la cooperativa no dieron respuesta. Es que al ser una cooperativa SanCor no puede venderse; debería ser convertida en una sociedad anónima Las tratativas fueron difundidas por el diario La Nación, pero en la empresa, con sede central en la localidad santafesina de Sunchales, se negaron a confirmarlas o negarlas. Hubo otro acercamiento conocido, como el del estadounidense Mead Johnson Nutrition, que tiene una alianza con la cooperativa por las leches maternizadas.

Sin embargo, trascendió que, en realidad, la compañía multinacional no apunta a una adquisición, sino que está interesada en preservar el negocio que tiene en la Argentina. El ministro Buryaile se limitó a contestar “no por ahora” cuando fue consultado sobre si existen ofertas de empresas privadas para adquirir activos de la compañía láctea. Descartó asimismo que el gobierno vaya a interceder para facilitar nada a ningún grupo” empresario para posibilitar su ingreso en la cooperativa a cambio de que se realice un aporte económico para equilibrar la empresa, explicó. Únicamente aludió a que la situación “se va agravando mes a mes”.

Los tropiezos se iniciaron a fines de la década del 90, cuando SanCor se actualizó tecnológicamente para procesar 7 millones de litros de leche diarios en toda su estructura, momento en el que se convirtió en la empresa láctea más grande del país, por delante de Mastellone (La Serenísima), que procesaba 5,5 millones de litros. Aunque 2006 resultó un año clave, ya que SanCor se vio obligada a buscar un salvataje importante.

En su momento, manejó dos posibilidades: o crear una sociedad anónima y vender más del 60 % de la empresa al grupo Adecoagro (George Soros) por US$120 millones o seguir siendo cooperativa de tamberos y recibir un préstamo del gobierno venezolano de Hugo Chávez (con la anuencia de Néstor Kirchner) por US$80 millones. Optaron por esta última opción y acordaron pagarla con leche en polvo.

El fideicomiso conformado para el canje de leche se cumplió, pero no benefició en lo más mínimo a Sancor que, no contenta con ese convenio profundizó las relaciones comerciales con Venezuela, acrecentando pasivos por la falta de pago. Cuitas lecheras La magnitud del problema que enfrenta esta industria cooperativa se explica en tres pilares decisivos: la ineficiencia productiva, la falta de competitividad y el inviable negocio con Venezuela.

SanCor procesa muy poca leche en relación al tamaño de su estructura y posee una exagerada plantilla de obreros que perciben los salarios más altos de toda la cadena láctea. Es decir: uno de los parámetros en el mundo para estimar la eficiencia de una industria láctea es calcular cuánta leche se procesa por empleado. El promedio de eficiencia en Nueva Zelanda, Australia, Francia o Estados Unidos (países líderes en el sector) se encuentra en 2 mil litros diarios por empleado, mientras que en Sancor este cálculo hoy arroja unos 450 litros. Sin embargo, nunca llegó a trabajar a pleno con su estructura y su porcentaje de capacidad ociosa se fue ampliando con el paso de los años y el advenimiento de las crisis.

En la última década, la producción de SanCor se estabilizó entre 3,5 y 4,5 millones de litros diarios, los cuales fluctuaban según períodos estacionales o coyunturales. Pero en el último año comenzó a descender drásticamente hasta ubicarse en 2,5 millones de litros, producto del tremendo impacto productivo que provocaron 2 inundaciones seguidas en el centro-oeste santafesino y centro-este cordobés.

Esa merma productiva, subestimada por los gobiernos provinciales y el nacional, en la principal cuenca lechera del país tuvo un impacto demoledor para los pueblos y ciudades de los departamentos Castellanos, Las Colonias y San Cristóbal. A la caída estacional de 10 a 15 % por el verano se sumó el arrastre de una asfixia financiera que desde hacía seis meses venía desdoblando el pago por la materia prima en hasta 60 días.

Muchos productores (también altamente endeudados y en crisis financiera) decidieron retirarse de la cooperativa y pasar a venderles su producción a otras industrias de la zona que, si bien no pagan el valor de Sancor, cancelan con sólo 15 días de atraso. En el último mes se aceleró la sangría y hoy la recepción de la industria está en unos alarmantes 1.800.000 litros diarios. “La remisión de leche a nuestras plantas industriales ha disminuido considerablemente en los últimos días por lo que la cooperativa decidió la suspensión de actividades en algunas de sus instalaciones industriales”, reconoció oficialmente la empresa la semana pasada, ratificando la información de que 4 plantas (Coronel Moldes, Brinkmann, Charlone y Centeno) cerraron sus puertas, paralizando a 500 empleados en total (comenzarán a negociar su desvinculación).

Sobre llovido inundado, la cooperativa les reprogramó los pagos a los tamberos de la cuenca santafesina devastados por el agua y recién a fines de abril terminarán de abonar la leche entregada en diciembre y enero. De los 1.400 tambos asociados, se habrían ido ya los que producen en total entre 400 y 600 mil litros diarios, así de procesar 2,4 millones de litros pasó a 1,7 millones Pero en medio de su crisis, SanCor envió a sus tamberos una comunicación con una noticia positiva y otra negativa.

La primera es que se acortará de 60 a 30 días el pago en la producción de este mes, que se terminará de cobrar en abril. De acuerdo con lo resuelto por su Consejo de Administración, para la producción de marzo habrá pagos el 10, 17 y 24 de abril y un ajuste final el 28 de ese mes. Esto se hará tomando como base de referencia el saldo a pagar de febrero, mediante la entrega de cheques con fecha de pago para esos días mencionados. La mala viene por el lado de la producción de febrero pasado.

A los tamberos se les terminará de pagar en 10 cuotas recién en febrero de 2018. “Reprogramar el pago de la producción de febrero de 2017, en 10 cuotas mensuales consecutivas, a partir de mayo de 2017. Estos valores serán entregados durante la semana próxima”, se informó. Los productores dejaron trascender su malestar por este pago en cuotas, alertaron por una pérdida financiera, y advirtieron que la firma podría perder más leche por la fuga de tamberos que ya habían sufrido la reprogramación de pagos y el rechazo de cheques.

SanCor perdió un millón de litros diarios en apenas 10 días y hoy ronda un nivel de procesamiento de 1,5 millones de litros, la mitad de hace 4 meses. Mal de muchos… SanCor no está sola en materia de penurias en el sector. Mastellone (La Serenísima), si bien en el balance cerrado el 31 de diciembre de 2016 y presentado ante la Comisión Nacional de Valores (CNV) evidencia una reducción de sus pérdidas con respecto a 2015 ($ 616 millones), igualmente mostró un rojo de $ 95,4 millones.

Definió al 2016 como el año “más complejo para la lechería argentina en lo que va de este siglo”, en su balance. Y lo explicó debido a factores como la caída en los precios internacionales de la leche en polvo, que tocaron un piso en el primer semestre de 2016. “Influyó negativamente sobre el mercado interno, al incrementarse la presión de la oferta coincidentemente con una restricción en la demanda”, destacó en el balance. Como consecuencia, se generó una baja en la producción primaria, que estuvo agravada por las inundaciones.

Sin embargo, la empresa resalta la reducción de su déficit, logrado por factores como la defensa de los precios efectivos, un estricto control de costos, un recupero en la rentabilidad de la subsidiaria brasileña Leitesol y una mejora en la estructura financiera, tras los aportes de capital recibidos del Grupo Arcor, que invirtió u$s 50 millones a fines de 2015 y u$s 35 millones en 2017, que serán capitalizados una vez obtenga autorización de la CADE (Conselho Administrativo de Defesa Econômica de Brasil).

Las ventas totales consolidadas ascendieron a $ 17.723 millones (equivalentes a casi u$s 1200 millones), con un crecimiento de $ 3643 millones o 25,9%, respecto del año anterior. Esas ventas se repartieron en cinco segmentos: consumo interno ($ 14.372 millones); ventas especiales (industriales y licitaciones); exportaciones a terceros; ventas al exterior (Brasil y Paraguay); y otras ventas (fundamentalmente servicios).

Los costos de esas ventas se elevaron a $ 11.595 millones, una cifra 20,1% superior a la registrada en 2015, por lo que resultó una ganancia bruta de $ 6127 millones. En términos de volúmenes, la compañía manifestó una caída promedio del 9,8%, principalmente en quesos (-11,2%); subproductos (-11%); y leche (-8,6%). Según expresaron, la reducción fue causada por la caída en la demanda, pero también por una menor participación de mercado, estimada en alrededor del 2,7%.

La compañía viene achicando su personal desde 2013, cuando tenía 4519 trabajadores. En 2016 registró 3931 empleados. En un año de exceso de oferta en el mercado interno, con caída del consumo, la empresa resaltó los incrementos de precios pagados al productor: “En octubre momento de máxima producción de leche y por tanto de precios usualmente inferiores a la media, nuestros precios superaban en alrededor del 67% a los de 2015”, afirmó.

Complejo lechero

El informe sobre el sector lácteo elaborado por CEPA apela a datos de la Subsecretaría de Lechería de la Nación para mostrar que 2016 fue el año de menor producción de al menos los últimos 9. La estimación de OCLA sobre la producción anual coincide en señalar esta baja en la producción, del 10% respecto a 2015. La producción llegó a 9.710,81 miles de litros en 2016 mientras que en 2015 fueron 11.313,20 miles de litros.

Este descenso puede explicarse en parte por las lluvias ocurridas entre abril y mayo, que afectaron principalmente a las cuencas lecheras de Entre Ríos, Sur y Centro de Santa Fe, Noreste de Córdoba y Villa María. Pero las condiciones climáticas sólo agravaron la precaria situación del sector, que se encontraba ya afectado por la crisis internacional, lo cual condicionó las estrategias de las industrias lácteas en la reducción de la oferta de manteca entre fines de julio y agosto.

En este sentido, la devaluación de diciembre de 2015 no ayudó a mejorar las exportaciones. Como sucede en el sector vitivinícola o en frutas de pepita, la problemática externa se relaciona con la demanda, y especialmente, en este caso, responde a la sobreproducción de Nueva Zelanda y a la retracción de las importaciones por parte de China, que incluso han hecho caer el precio internacional de la leche en polvo entera.

Frente a esta situación, a pesar de la posible orientación derivada de comparar estructuras de costos y tener en cuenta las formas de elaboración de los subproductos de la industria hacia los productos más rentables como la manteca, lo que sí puede reconocerse es la ausencia de políticas que estimulen la producción y el consumo interno, afirma CEPA. En un contexto de recuperación del precio internacional y aumento del precio de la leche cruda pagada al productor (aunque sólo por efecto de las inundaciones, lo cual no impacta sobre el beneficio a los mismos), el aumento de precios en góndola amplió el margen del eslabón comercializador en los últimos meses alcanzando los niveles de la brecha de noviembre de 2015 (el precio del producto en góndola sobre el precio al productor se incrementó de 458% a 482% entre junio de 2016 y enero de 2017).

Adicionalmente, los productores sufrieron el incremento sustancial de los costos, lo cual perjudicó sus niveles de rentabilidad. Entre los principales aumentos se encuentra el maíz, insumo para alimentar el ganado. Si bien el índice precio maíz/precio leche se redujo hoy respecto del punto máximo de enero de 2016, aún continúa 90% por encima del promedio de 2014/2015. En este marco, la estrategia del Gobierno pareciera residir en estirar los plazos esperando una caída del precio del maíz, evitando de esta manera intervenir en la cadena productiva y de comercialización lechera.

En el complejo lácteo tanto pequeños productores como consumidores, los extremos de la cadena, son los más afectados por los márgenes crecientes de los eslabones concentrados. Los primeros porque sufrieron el sensible aumento de sus costos y porque no lograron mejorar su rentabilidad respecto de los precios de góndola, siendo afectados además por los efectos de las inundaciones en la producción (que aunque impacta incrementando el precio al productor no genera un ingreso adicional).

Los consumidores, asimismo, perdieron porque los precios en góndola superaron ampliamente la variación salarial incluso moviéndose por encima de la variación de precios del conjunto de la economía. De acuerdo a lo planteado en informes anteriores de CEPA, la implementación del Régimen de Compensaciones para Productores Tamberos con la inclusión de todos los productores, sin discriminar por su escala de producción, cantidad de vacas o extensión de la unidad productiva, habilitó la transferencia de recursos a grandes productores, quienes obtuvieron una mayor participación sobre el total de subsidios otorgados al sector.

En un contexto de aumento de los costos de producción que no llega a cubrirse con el incremento del precio de la leche, pérdidas ocasionadas por el clima y continuidad de la crisis internacional, la política del Gobierno favoreció el proceso de concentración en la producción primaria de leche. Este proceso quedó expresado en la duplicación de la tasa de cierre de tambos en 2016 respecto a los últimos años. Según estimaciones de entidades del sector, a lo largo del último años se produjo el cierre de alrededor de 460 tambos, lo cual representa una caída del 4%, tratándose mayormente de los tambos de menor producción, por debajo de los 2.700 litros diarios.

Fuente: Edairy news

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