Pymes lácteas en riesgo de cerrar

La cuarentena ha generado menor consumo de los principales productos que elaboran las pequeñas empresas de lácteos.

Aunque la producción de agroalimentos está exceptuada del aislamiento obligatorio, el cambio en los hábitos y volúmenes de consumo golpea a unas actividades más que a otras. En Argentina, de un total de aproximadamente 670 empresas lácteas, unas 600 son pequeñas que producen un tercio del total, empleando a 9.000 personas en todo el país. 

Pablo Villano, presidente de la Asociación de Pymes Lácteas, dijo a Super Campo que hoy el sistema de pymes de todo el prácticamente depende de la venta de dulce de leche y queso cremoso, “porque ha bajado muchísimo el consumo de quesos duros, semiduros, especiales, con ojos y barra. La mayoría de las pymes trabajaba con las actividades escolar, bares, confiterías, pizzerías, restaurantes y hoteles, que hoy están cerradas. Además está muy mal la cobranza porque la pandemia hizo que no se castiguen los cheques ‘rebotados’ y eso atenta contra la cadena de pagos».

Según Villano, “en este contexto necesitamos ayuda como cualquier sector y no encajamos en ninguna de las medidas, aunque dicen que ahora se ampliará la cantidad de rubros. Para tramitar el ATP (Programa de Emergencia de Asistencia al Trabajo) hay que demostrar que en marzo se vendió menos que en marzo del año pasado, algo que es difícil porque el año pasado se produjo menos debido a una sequía. Los que pudieron presentar eso, que no son la mayoría, van a revisión porque tienen prioridad las actividades que no están trabajando”.

El presidente de Apymel calcula que, en promedio, las ventas cayeron entre 25% y 30%, “pero al que vendía muzzarella en plancha o cilindro a los restaurantes y pizzerías, el negocio se le cayó el 100% y se tratan de reconvertir, de hacer queso cremoso. Lo mismo pasa con el dulce de leche, muchas hacían para confiterías, heladerías y alfajores. Todo eso está casi parado”.

Villano comentó que una fábrica que entregaba todo al rubro gastronómico de CABA dejó de comprar leche y cerró la planta sin despedir a la gente. “Con la planta cerrada hay más facilidades para lograr un subsidio para pagar sueldos o suspender a la gente momentáneamente y pagar el 75% -afirma Villano-. Lógicamente hay peligros de cierre, por lo menos temporales, porque no puede reconvertirse en otra cosa. En una fábrica de quesos no se puede hacer otra cosa que quesos. El problema es que la mayoría está en actividad a medias, con poca producción y venta, así como empleados que no van a trabajar porque tienen más de 65 años o integran la población de riesgo. Es una situación complicada en un rubro esencial donde necesitamos seguir trabajando y llevando alimentos a los argentinos”.

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