La lechería tiene que conseguir unidad para crecer

Luego del séptimo taller de Formación y Capacitación de Atilra, con reclamos concretos de las industrias, quedó manifiesta la necesidad de un Estado más presente y adecuado a las necesidades del sector, de mejorar la competitividad, productividad y renta, para el beneficio de todos los eslabones de una economía fundamental.

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Analizando a «La Cadena Láctea Argentina», el séptimo taller de Formación y Capacitación organizado entre el martes y miércoles por la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina, supo combinar las miradas de la gremial y la industria, sin dejar de lado a los tamberos, para iniciar una tarea de trabajo conjunto para intentar encontrar una alternativa de sustentabilidad. Fue Enrique Cartier del Instituto Argentino de Profesores Universitarios de Costos, quien presentó las «Fortalezas y debilidades. Distribución de la riqueza generada por el sector», aclarando datos del segmento que son esclarecedores para iniciar una tarea de recuperación.

El IAPUCO creó un «Observatorio de la cadena láctea» en el que se detallan todos los aspectos, partiendo de los 11 mil millones de litros producidos al año que se destinan, 57  por ciento a quesos, 22 por ciento a polvo y 15 por ciento a leches fluidas, mientras que el 76 por ciento de los productos se destinan al mercado externo. Del total producido que iguala a las cifras de 1999, el 55 por ciento de los litros los procesan las grandes industrias lácteas argentinas.

En este marco, el valor de la cadena se mide desde el valor por litro equivalente, que es el precio que paga el consumo con IVA y también se puede ponderar el que llega a las exportaciones, midiéndolo en un total del sistema o pudiendo hacer una separación por mercado.

Tomando la cifra de la Secretaría de Comercio Interior para el mes de setiembre, considerada en el pago de las industrias a los productores fue de 2,68 pesos por litro el total recibido en los tambos, llegando a la góndola el producto en 9,12 pesos sin IVA y 10,84 el precio absoluto para el consumidor.

En este rango es el Estado el que se queda con el 15,8 por ciento del total de ese precio que paga el consumo, los tambos el 24,7 por ciento, la industria 31,1 y el comercio recibe el 28,4 por ciento del valor total de un litro de leche en góndola.

Según explicó Cartier «el Estado ha tenido que transferir con subsidios parte de su renta, con 30 centavos que se pagaron durante algunos meses. Con subsidios los tamberos participaron en el 27 por ciento de la renta por un litro de leche». Cabe destacar que aún se adeudan las compensaciones comprometidas para julio y son un misterio las de agosto, a pesar que el Subsecretario de Lechería llame a un nuevo Gobierno a seguir pagando subsidios, sobre todo si es Daniel Scioli el favorecido el domingo por las urnas.

«Una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil, con subsidios no hay fortaleza», aseguró el analista, con total lógica.

Hace un año, en setiembre de 2014, el productor cobraba 3,15 pesos el litro, 9,89 pagaba el consumo, con lo cual mientras en la góndola al noveno mes de este año los precios subieron diez por ciento, el productor disminuyó 15 por ciento, con 45 centavos menos; y en la planchada subió cinco por ciento desde 8,38 pesos.

Para la exportación, la planchada, la salida de la fábrica tuvo un precio de  4,74 por litro en 2014 y en este setiembre 3,55, con una caída en la industria del 25 por ciento, por eso el ajuste en el eslabón primario.

En este esquema, la industria y el tambo son los actores genuinos de la cadena, que reciben menos del 56 por ciento del valor desde el consumo, lo cual indica una realidad de un margen de marcación de 57 por ciento por parte del comercio, que son superadores ante otros países en similar etapa de la cadena.

Aquí se deben dar las posibles mejoras, para que la sustentabilidad de la cadena sea concreta.

La industria generó con 11 mil millones de litros de leche al año, a setiembre de 2014 un total final de 13.179 millones de dólares al año, mientras que en igual mes de este año, fueron 12.933 millones de dólares, cayendo dos por ciento el valor, en consonancia con la crisis internacional. De estos montos, el 27 por ciento se gasta en la compra de materia prima, el 19 por ciento en empleo, el 28 por ciento en gastos de comercialización y el 15 por ciento se aporta al Estado, como parámetros más salientes. Por eso se asume que sin gastos en comercio y Estado, «la industria perdió en un año cerca de 500 millones de dólares en valor. A setiembre de este año, a los tamberos se les pagó el 44 por ciento del total de ingresos y fue del 21 por ciento el pago a los recursos humanos». Claro que con el ajuste por paritarias conseguido por ATILRA del 35 por ciento, ante la falta de competitividad y sustentabilidad, se complican cada vez más los números sectoriales.

Pero «en la cadena láctea o se salvan todos, o no se salva nadie», por eso Cartier advirtió que se debe asumir el desafío para aumentar el valor que agrega la cadena. Hace 15 años que no crece la producción total, si este año hubiese crecido diez por ciento la materia prima y 0,2 por ciento el valor de los sólidos, se hubiese logrado un crecimiento en la participación de ganancias en todos los estratos, incluso entre los trabajadores lecheros. Los productores en este contexto podrían haber recibido el mismo valor en dólares que hace un año.

La lechería debe comprender que «el vínculo competitividad y productividad hace a la relación paradigmática de ganar-ganar», que tanto precisa la cadena.

 

Empresas y trabajadores

ATILRA generó un concepto de apertura al invitar a las industrias a exponer posturas e inquietudes, desde todas sus envergaduras, bajó la temática «Relación empresa/fuerza de trabajo».

El panel lo abrieron José Moreno, CEO de La Serenísima y Rodolfo Galloni, gerente de Williner.

Desde «la gran empresa láctea» aseguró su conducto que «no nos queda otro camino que tomar decisiones que nos lleven al crecimiento. Los números finales apuntan a mejorar y a escapar de ser cada vez más débiles». Es por esto que Mastellone trabaja en varios aspectos, el Plan Más Leche, el mayor uso de semen sexado, para poder revertir la tendencia en la que «hoy tenemos desmotivado al productor», por eso se adoptan «hechos tendientes a tratar de hacer reaccionar a los productores para que vuelvan a crecer». Pero para esto también se debe tender a modificar los canales comerciales, por reacomodamiento de clientes que requieren mejor logística, entre otros aspectos.

Augurando cambios en temas como el financiamiento, en un mandato próximo y renovado para el Estado, Moreno dijo seguir apostando «por una empresa que se modifica constantemente con un proceso de modernización auspicioso».

Por su parte, Rodolfo Galloni, recordó que la crisis coyuntural para todo el planeta, requiere más atención por parte de la Argentina, porque no hay rentabilidad en la producción, en la industria, ante alto endeudamiento y falta de inversión producto de la falta de dinero disponible, «que preocupa mucho de cara al futuro». A esto se añade una falta de productividad.

Mientras el crecimiento es la oportunidad, sobre todo en productos insignia como la leche entera en polvo, hablando en nombre del Centro de la Industria Lechera, «este es un trabajo que no lo va a hacer una parte de la cadena solo. Si no tenemos una mirada integrada, va a ser imposible reinsertarse en el mundo».

Llamó así desde la industria a la producción y a los trabajadores a aceptar el desafío de «ser exitosos si toda la cadena trabaja en conjunto».

Galloni hizo algunos pedidos por parte de los industriales. «Necesitamos ser sustentables, porque sin rentabilidad no hay inversión y no hay crecimiento, porque es una cuestión de necesidad para que la cadena funcione», además «necesitamos productividad, hay que crecer y competir con empresas internacionales que vienen desarrollándose desde hace muchos años. Hay que estar convencidos para que haya resultados, porque sin productividad estamos afuera de la carrera para ser jugadores de primera liga». Además añadió, mirando hacia la estacionalidad, que «necesitamos tener flexibilidad, para poder trabajar con eventualidad, con gente adicional para la temporada alta y que se adecúe a los tiempos de baja. Necesitamos controlar todas las variables como el ausentismo; y todo aquello que nos hace improductivos, por eso en conjunto tenemos que trabajar, sabiendo que no está en juego el derecho de nuestra gente. Hay que hacer un trabajo a conciencia en el sector de costos, que se optimicen los números, sin poner en riesgo al salario del trabajador».

El hombre de Ilolay destacó que lo fundamental es la confianza, porque «si nosotros no aprendemos a confiar, a sacar fantasmas del medio para pensar que la cadena se salva en su conjunto, va a ser muy difícil que podamos ser exitosos».

Dany Lorenzatti representó a la Junta Intercooperativa de Productores de Leche y se situó como una «tercera posición la que vive el cooperativismo», que en las últimas décadas pasó de tener el 40 al 15 por ciento del mercado. El dirigente destacó que con fondos rotatorios, en los últimos años, «se permitió la no desaparición de muchos pequeños y medianos productores lecheros, igual que en el caso de las pymes, siendo este el sostenimiento de muchas economías sociales».

Las cooperativas llamaron a «afianzar el diálogo, el entendimiento y el equilibrio, no solo por rentabilidad sino por la dignidad para una mejor convivencia, porque tenemos que cuidar lo que producimos y lo que hacemos todos».

Las más chicas

La Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas tuvo dos representantes en el escenario del CET de Atilra en Sunchales. Javier Baudino, de Córdoba, reforzó la idea de una «lechería que tiene que tener un desarrollo en conjunto». Mientras Apymel debe llevar adelante a la fase de la industria que es menos productiva. Hay una diversidad de empresas que hacen difícil la competencia, en cuanto a tamaños y posibilidades.

«Las pymes tienen una ubicación compleja, en la ruralidad, que no son favorables para una mayor productividad por el alejamiento de los servicios, por eso es una cuestión de Estado, que con decisiones políticas nos acompañen», añadiendo que en un desarrollo inminente, «el país va a tener que salir adelante como mayor producción lechera».

El dirigente admitió que hoy por hoy, «Argentina está repleta de lácteos que no corresponden a nuestro mercado», por las exportaciones que no se pudieron dar. Es así que las pymes participan de una ínfima parte del mercado, «hemos perdido el mercado de precios al 30 o 40 por ciento, debido a la inundación de productos que eran para el exterior».

Hizo un llamado para lograr un acuerdo sectorial, para complementar a las exportadoras con las que se destinan al mercado interno y es Apymel la entidad que plantea formas de acompañar al sector exportador «cuando la cosa no funciona y viceversa», al momento que se destrabe la salida de productos se tendrá que trabajar para poder equilibrar a todo el negocio.

«Crecer por crecer da números negativos hoy, no hay que improvisar», por eso «las pymes necesitamos diferenciarnos. Hay que revisar cargas impositivas, nos tienen que ver de una manera distinta, porque necesitamos seguir existiendo. Somos empresarios chicos y en la discusión industrial y con el gremio hay que ver cómo seguimos adelante. Además, la política tiene que saber ver al sector pyme», argumentó sin estar en una postura en contra de las grandes empresas, sino complementaria para que se cubran las necesidades de todos.

Por su parte, Leo Godoy, también vicepresidente de Apymel tomó la idea de generar una comercialización conjunta de productos de las industrias más chicas, para apostar al crecimiento de este segmento. «A veces los trabajadores están bien representados, pero hacen que la actividad sea inviable, en cuanto a números. Hay situaciones sorpresivas, poco adecuadas a la realidad», aludió a hechos de presión durante este año, donde la suba del 35 por ciento en los salarios, que se deberán completar en enero, ponen en jaque a muchas pequeñas empresas y es por eso que reclamó «que el gremio contemple plazos más allá de enero para la cuestión salarial. Sabemos que la gente tiene que ganar bien y progresar, pero la política de Estado para el sector la está pagando la industria».

Con un Héctor Ponce, secretario general de ATILRA recibiendo el mensaje y entendiendo que la política es la que tiene que apostar más a sustentar a la cadena, para que todos los trabajadores cobren lo que corresponde por igual tarea, más allá de dónde trabajen, Godoy concluyó que «en las pymes tenemos bastantes diferencias con las grandes, nos falta mucho por recorrer, por avanzar y necesitamos reinvertir en esas cuestiones para mejorar nuestras empresas. Necesitamos que se comprenda a nuestro sector, que está buscando poder generar valor».

Fuente: Sin Mordaza

 

 

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