La leche está que hierve

La situación de los tamberos se enmarca dentro de un contexto local y mundial de baja del precio de la leche, que está afectando a toda la cadena de valor del sector. En el día de hoy la Asociación de trabajadores de la industria lechera de la República Argentina (Atilra), la Asociación de productores de leche de Argentina (APLA) y los transportistas de la Asociación de transportistas lácteos y afines de la República Argentina (Atlara) bloquearon las plantas de las empresas del sector industrial lácteo. Al no poder producirse el recibo de leche del sector industrial, solo los productores de las localidades del sur de Santa Fe tiraron 7000 litros de leche a raíz del conflicto.
Sin embargo, el problema no es solo del tambero. La situación está afectando a las empresas lácteas, tanto a las grandes empresas, como La Serenísima o Sancor, como a las pymes del sector, donde el viento de frente de estas medidas es muy preocupante a corto plazo.
En este sentido, de acuerdo con la Asociación de pequeñas y medianas empresas lácteas (Apymel), la situación del sector industrial es crítica con un contexto internacional que marca un incremento de producción de leche a nivel mundial, baja de la demanda del mercado asiático, embargo de Rusia a Europa y Estados Unidos. En el mercado doméstico la situación no ayuda, ya que estamos en el comienzo de la temporada alta en la lechería argentina: hay incremento de costos de los insumos, a lo que se suma un acuerdo de paritarias del 31 %, que anualizadas llegan al 39,5 %.
Las pymes industriales que hoy padecen el bloqueo de sus plantas elaboradoras están acorraladas. El mercado interno se saturó de quesos y esta semana debieron actualizar sus listados de precios con bajas del 3,5 % al 5 % promedio en todas las categorías de productos queseros. Sin embargo, estas bajas no llegan al consumidor en góndola por la alta concentración minorista en consumo masivo en manos de las grandes cadenas de supermercados en Argentina, que no disminuyen los precios al público, sino que incrementan las ganancias o aprovechan la situación para estimular la tracción de ventas con ofertas y descuentos para atraer al cliente. Según Apymel, de estirarse esta situación, en los próximos 30 días podría comenzar el cierre de las pymes, que son fundamentales para el sostenimiento de la actividad en la cadena de valor de las economías regionales, lo que pone en riesgo unos diez mil puestos de trabajo.
La situación a mediano plazo no es la mejor. Mientras el año pasado la tonelada de leche en polvo tenía un precio de 5500 dólares, actualmente su precio cayó a 2300 dólares y hasta mitad del año próximo se proyectan caídas más acentuadas aún, que podrían llevar a un precio de la tonelada de 1300 dólares, es decir, casi un 50 % del precio actual. Esto significa más leche en el mercado interno a menor precio tanto para el tambero como para el productor industrial pyme, por falta de escape en el mercado externo para el producto.
A su vez, los flujos de fondos de las grandes empresas están en rojo total. De acuerdo con el Área de Economías Regionales de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) el problema externo indica que no se están pagando los compromisos que Venezuela contrajo con el sector. En esta materia, la empresa más comprometida es Sancor. Esto significa problemas para afrontar los pagos a los productores. A su vez, el problema estructural provoca que las reiteradas crisis de La Serenísima conlleven a la solicitud de asistencia económica al Estado nacional. Como la leche es un producto sensible y es un mercado oligopólico, el Estado se ve obligado a otorgar esa ayuda.
Desde el sector de las pymes lácteas industriales informan que ya será imposible seguir pagando el aporte solidario de 2400 pesos por trabajador exigidos por Atilra, que se acopló a un paro nacional de APLA, representante de solo unos 30 productores tamberos de los 9000 que hay en el país. Mientras estos últimos sufren la baja del precio de la leche, que pasó de un techo de 3,50 pesos a los 3 pesos actuales por litro, con riesgo a caer a los 2,80 pesos, el gremio que agrupa a los trabajadores de la industria láctea logró acuerdos promedios del 39,5 %, lo cual revela las distorsiones del mercado productor y laboral para afrontar compromisos salariales, que no son equivalentes a los resultados del negocio presente, con riesgos de escenario peor en el futuro, sobre todo en los meses de octubre y noviembre, cuando se llegue al pico de producción de leche a nivel local.
En esta situación para el productor tambero, «hoy los costos de producción están por encima de los ingresos. El productor recibe entre 3 y 3,15 pesos, dependiendo de la usina láctea a la cual entrega», según Pablo Vernengo, director ejecutivo de Economías Regionales de la CAME. A su vez, producir un litro de leche, teniendo en cuenta costos directos, gastos de estructura, amortizaciones a intereses, tiene un costo de 3,37 pesos. «El quebranto oscila entre 0,37 y 0,17 centavos por litro de leche obtenida», según opinó. La situación no es diferente en Uruguay: Conaprole está pagando 0,24 dólares por litro y hasta 0,14 dólares, Indulacsa. Argentina debería exportar el 30 % de la producción excedente, pero el mercado internacional no convalida ni su precio ni su oferta por exceso de productos. 
Fuente: Damian Di Pace | Infobae

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