La leche bajó, la industria no atendió y los tamberos le reclamarán a Saputo

tambo 4Será mañana a las 10 horas cuando se concentren integrantes de la Asociación de Productores Lecheros de Argentina frente a la planta de Av. Ernesto Salva, para reclamar por precios en baja y falta de diálogo. Mientras tanto, Atilra cerró una suba de salarios que totalizará el 31 por ciento.

De la fascinación a la protesta, esa podría ser una definición de lo sucedido en el ámbito tambero en los últimos días.

Los productores nucleados en APLA pasaron de deslumbrarse con la reunión en el CET de Atilra el martes pasado, a convocar a una asamblea este miércoles en el frente de la planta rafaelina de Saputo, a las 10 de la mañana. Un enemigo con rasgos internacionales concentrará la tensión de una jornada más que debe evitar hechos escandalosos que sigan hiriendo a la actividad.

Era jueves cuando en el Centro de la Industria Lechera se cerraba la paritaria de los lecheros, con un 31 por ciento de aumento, desdoblado en 16 y 15 puntos, con el ajuste final en enero próximo. La pelea estaba puesta en adelantar la suba, pero fue lo máximo que se pudo negociar, teniendo en cuenta la crisis de precios internacionales, la perspectiva de más bajas y la demanda achatada del mercado interno no repuntan y van a generar un quiebre mayor al de cualquier otro rubro, al menos en lo inmediato. Lo que explican algunos industriales es que este ajuste salarial en alza representaría unos 50 centavos de rebaja para los productores, que no llegará a darse en tal magnitud, pero claro que tendrá su consecuencia directa, por la que alguna industria no descarta llegar a septiembre con una oferta de 2,70 pesos por litro y un aumento en las heladeras de forma estratégica.

Se demoraba así el pedido de una audiencia surgido en la asamblea mencionada, que llegaba recién el viernes a los ámbitos industriales y que era respondido con un supuesto encuentro para el cierre de esta semana.

Nada cambia en unos días y mucho menos en unas horas. La Asociación de Productores de Leche de Argentina se presentó como una entidad diferente, apostando al diálogo, al acercamiento con el gremio conducido por Héctor Ponce, pero termina cayendo en manejos vetustos, que nunca dieron suficientes resultados y redoblan aún más la apuesta, con mensajes entre líneas de gestos violentos para la manifestación de mañana.

La lechería como el resto de las cadenas productivas depende de un negocio, cada uno hace su parte, pero esperar que la solución de todo llegue mágicamente, que las tratativas por precios se den de golpe, que en momentos absolutamente de quebranto para todos arrojen resultados de beneficios para los productores, es una ilusión demasiado grande para estos tiempos. La crisis le pega a todos, mientras el Gobierno se desentiende de las partes que le corresponden.

Así el funcionario responsable del área les dijo a un grupo de industriales y empresarios que “hagan ruido”, casi evangelizando a la gente vinculada con la cadena, en una pésima emulación del Papa Francisco. ¿Lo habrá dicho para despertarse de la siesta que lo llevará hasta diciembre?, o simplemente para reconocer que en los estamentos nacional es nadie escucha los reclamos lecheros y se necesita de la visibilidad y un poco de escándalo para que se atienda la situación de un segmento productivo que está quebrado, en el que el Ejecutivo no interviene ni para abrir mercados amigos, pero menos aún para prestar fondos para poder compensar las exportaciones perdidas y afrontar desafíos tales como el pago de salarios y su consecuente suba.

Por su parte, los derechos de los trabajadores están muy bien resguardados por Atilra, que es sin dudas el gremio que más avances consiguió en los últimos años, pero el sindicato hace lo suyo, no arrastra a los tamberos con los que acaba de generar una “alianza”, esto es lo que algunos de los dirigentes no terminaron de comprender, es más, están los que creen que en las industrias el temor es muy grande por las manifestaciones de productores, cosa que parece no ser tal.

Como lo anticipara CASTELLANOS el sábado, las bajas ya las tienen en mano los productores, no sólo porque las gestiones se demoraron, sino porque corresponden a una decisión comercial, en un sector donde no hay reglas claras, donde el precio de la materia prima se pone después de entregarla y donde hasta los plazos de pago se corren a gusto, incluso hasta 60 días en parte de los pagos.

La lechería no necesita de una ley, sino del cumplimiento de todas las existentes, pero también depende su situación de la administración nacional, que se fue engañando en estos meses con los potenciales mercados que no nos salvaron de nada, como es el caso de China, de Rusia, e incluso de Venezuela, que aunque es el único mercado en pie con cierta fluidez, está buscando alternativas de compra en otros países para sostenerse también en su propia crisis.

Las bajas por litro, que jamás pudieron convertirse en kilos de lo que debería ser una liquidación única por calidad, están entre los 12 y los 18 centavos, tal como lo venimos comentando hace tiempo. Se pudo eludir una baja de hasta 30 centavos, como se supo desde la provincia, pero el ajuste no se pudo demorar.

Ahora la atención se pone en lo que suceda mañana, en los excesos que pueda tener una protesta legítima, pero que por la irracionalidad de unos pocos pretende convertir a una manifestación en reclamo exagerado. Quizá sea ese “ruido” sugerido el que motive a la falta de racionalidad, que queda manifestada claramente en el comunicado de APLA, donde se enfatiza “responsabilizamos íntegramente al sector Industrial por los resultados y consecuencias que este conflicto pueda alcanzar”.

Tomar a esto como una lucha es un error, aquí se tiene que pensar en una salida conjunta, lógica, racional e inteligente en un marco nacional que es incómodo e inhóspito sin políticas que colaboren, ante un plano internacional que se hace difícil y ameritaría una espera más cautelosa que enérgica, donde sólo con la eficiencia se podría llegar a batallar con el destino de un filtro que vivirá la actividad, una vez más y llevándose a los más débiles de todos los costados, desde los tambos hasta las industrias.

Fuente: Elida Thiery Castellanos | El blog de Elida Thierry

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