En los últimos 14 años el precio de la leche subió mucho más que la luz y el gas

Durante casi tres lustros la sociedad argentina fue sometida a convivir con tres regímenes de precios:

1. Los determinados por la estacionalidad de alta o baja, como ocurre con la mayor parte de los productos frescos, cuya oferta depende de la extensión y madurez del ciclo productivo: frutas, verduras, cereales y oleaginosas y ciclo ganadero.

2. Los libres, que no dependen ni del clima ni del calendario (como el turismo), sino de la oferta de la producción y de las importaciones, y de la demanda del consumo interno y de las exportaciones.

3. Los precios administrados por el gobierno central como estrategia de control de la inflación, aunque fracasó históricamente en el mundo y más aún en la Argentina, como se repitió en las tarifas de los servicios públicos, el tipo de cambio y muchos productos de la canasta básica familiar.

Desde 2001 el precio del sachet de leche se multiplicó por 16,1, el valor del servicio básico de la TV por cable por 12,7, mientras que con el último aumento en suspenso la tarifa de la luz lo hizo por 6,7 y la del gas por 12,4 veces

Fue justamente en los precios administrados, o regulados por el Poder Ejecutivo Nacional, donde la arbitrariedad del poder central produjo severas distorsiones. Al punto que, en poco más de 14 años –aún con los aumentos que se intentaron aplicar a partir de abril, frenados por intervención judicial–, mientras las tarifas de luz y gas subieron un 659% y 1.135%, respectivamente, el precio de la leche en la góndola de supermercados se encareció 1.510%, el servicio básico de TV por cable 1.169%, mientras que la inflación que erosionó el poder de compra de muchos salarios se elevó en ese período poco más de 1.600%.

El Gobierno nacional intentó corregir el desfase entre la variación de los precios de los servicios públicos básicos con un ajuste de cuatro a cinco veces los valores que los usuarios pagaron por un consumo el año anterior. Eso significó una brecha de hasta diez veces con la tasa de aceleración de la inflación en ese período que provocaron la unificación del mercado de cambios, la eliminación de gran parte de las retenciones a las exportaciones del cambio y el encarecimiento del costo del dinero. Todo eso en un contexto donde muchos de los precios de los productos con alto componente estacional, como los del campo, se encarecieron por los perjuicios y demoras que provocaron las inundaciones en el litoral.

Sin embargo, pese a ese intento fallido de corrección de lo que los economistas denominan «distorsión de los precios relativos de la economía» se mantuvo muy amplia la brecha negativa acumulada entre los precios de los servicios públicos regulados, con los también regulados precios de los servicios privados.

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Claramente, tamaña diferencia de precios acumulada en los pasados 14 años entre la variación que experimentaron luego de casi una década previa de inmovilidad, no sólo requiere achicarse para poder cerrar el grifo de la inflación, principal fuente de multiplicación de la población en estado de pobreza (casi 40% del total), sino peor aún porque el agotamiento de la capacidad de producción por un precio que representa un tercio del costo de generación o de importación de electricidad y gas, ya no es sostenible, porque amenaza con paralizar la actividad de industrias y comercios, con el consecuente efecto negativo de provocar desempleo y mayor pobreza.

Los barrios ricos pagan más impuestos que el resto de la Ciudad

Se dice, sin grandes fundamentos, que los sectores de la población que generan mayores ingresos son favorecidos porque pagan menos impuestos que el resto de las familias. Sin embargo, no siempre es así, como se puede advertir en el cotejo entre el valor de la tasa municipal que pagan los habitantes en barrios cerrados del Tigre y la que abonan los comercios, las familias de la zona residencial abierta, y ni que hablar los que se alojan en áreas lejanas del distrito más urbano.

Como se pudo advertir en la comparación de la variación de los valores de las tarifas de los servicios públicos de luz y gas, con la que experimentaron los servicios privados y algunos productos básicos, también en el caso de la Tasa Municipal de Tigre en los últimos nueve meses mientras las que abonaron los sectores de altos ingresos se incrementaron alineadas con el aumento que registró el Presupuesto del Municipio, se multiplicaron en promedio por 16, para el resto de los residentes de ese distrito el factor de ajuste fue de 7 a 8 veces, esto es la mitad.

Fuente: Infobae. Por Daniel Sticco

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