El peso de la deuda lechera (en cifras)

La deuda de la lechería argentina supera los 10 mil millones de pesos

Entre industrias y productores suman un pasivo impensado para el sector que sigue acumulando meses de crisis y tiempo de soluciones que no llegan, ni en lo político, ni con los efectos del mercado internacional. Seguir adelante, afrontar el desafío y superar los escollos de la crisis plantean un panorama muy complejo que no se resuelve con firmas, sino probando nuevas estrategias, en todos los segmentos.

Por Elida Thiery, especial para Lechería Latina – Cuando se habla de crisis en la lechería, no se trata de una acción ligada a la actitud de no querer perder de los industriales, o de la prédica eterna de los productores que después de un tiempo a muchos les suena como una costumbre más de la actividad, sino que nos metemos en un camino sinuoso de deudas, de falta de alicientes y de grandes desafíos.

En 2015 los pronósticos fallaron mucho más de lo considerable, porque los precios se deprimieron antes de lo estimado y la recuperación no se dio en tiempo y forma, llegando a un inicio de este año con más bajas y una leche que no levanta de los 2.200 dólares. Por eso también de aquella mirada que hablaba de cerrar el primer trimestre de este 2016 con alzas, ya se pasó a para el segundo período y así se complica el hecho de conseguir la estabilidad que precisa el sector.

El USDA anticipó un crecimiento de dos por ciento para la lechería argentina, sin embargo la realidad de bajos precios al productor, de un mercado interno abarrotado y de exportaciones que no terminan de arrancar, sumados a un verano complejo que lleva en promedio al 20 por ciento abajo a los márgenes de productividad en los tambos y su consecuencia en el procesamiento industrial.

Las estimaciones globales no arrojan márgenes elevados de crecimiento, sino una espera de estabilización internacional por lo tanto la mirada esperanzadora se funda en casos como el de Estados Unidos, mientras tradicionales productores como los europeos o los neocelandeces mantienen sus rangos, mientras terminan de despertar destinos como Rusia o concretamente China.

Mientras con la recesión venezolana la Argentina siente el impacto, es difícil ver mucho más allá de junio, con datos certeros.
Nada se resuelve con la firma de un acuerdo y mucho menos utilizando las mismas estrategias de siempre, porque de buenas voluntades no se construye un negocio firme. Por eso, la articulación política debe darse con una mirada más amplia y entendiendo que son nuevos modelos los que se deben plantear y quizá con un enfoque de estrategias territoriales se pueda hallar la alternativa más adecuada, encontrando indicios quizá con las ideas de bandas de precios o de comercialización conjunta de leche, como se promueve en Santa Fe, sobre la idea que trabajand desde hace años directivos de la Confederación de Asociaciones Rurales de la provincia.

La crisis está y hay que encontrar la alternativa adecuada, entre todas las partes.
Los números son muy concretos, se observa un monto de deuda de las principales empresas agrupadas en el CIL  (www.cil.org.ar) en un monto muy difícil de repago con las tasas de interés que se observan en Argentina y con los márgenes actuales, sumado a lentitud de recuperación que atraviesa el mercado interno y el internacional,

Por debajo de las dos más grandes empresas de Argentina, en donde se encuentran compañías medianas y grandes (de origen nacional y extranjeras) más la Cooperativa, el importe supera los 5.000 millones. Al mismo tiempo que la única que alivianó la carga es Mastellone, que al vender el 25 por ciento de sus acciones, capitalizó la firma, dejando una baja suma de deuda en el sector financiero, pero cediendo un % de la compañía en manos de Arcor.

En la misma línea, entre cheques librados y no cobrados, proveedores, servicios e incluso lo que reclama la AFIP, son los tamberos los que tienen entre tres y cuatro mil millones de pesos en el pasivo general, llevando al sector a uno de los momentos más endebles de su historia.

Hace un tiempo un integrante del negocio sostenía que la lechería iba a seguir, pero a otro precio, lo cual quedó ampliamente demostrado en los últimos diez meses, pero ahora el cuestionamiento sectorial se orienta a cómo se va a pagar la producción, cómo se va a cubrir tanta deuda y sobre todo cuál es el camino indicado para seguir apostando a una lechería que depende más que nunca de la política, donde la confianza interna y externa será determinante para mantener mercados, para generar nuevas oportunidades y para conseguir un esquema interno más equitativo desde la producción hasta el consumo, pasando por la industria y con la clave inserta en la fase comercial, eterna protegida de todas las administraciones.

Elida Thiery –  Fuente: Lechería Latina

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